Son fechas marcadas en rojo en el calendario de todos los cehegineros. En pocos días Cehegín se viste de fiesta en honor a la virgen de las maravillas, su patrona. El municipio se llena de arquitectura, de arquitectura efímera, elementos temporales que pasan fugazmente por la vida de miles de habitantes, para brindar los servicios que ese público demanda durante los 7 días que dura la festividad. Es por ello que el apartado que hoy lanzo no podía faltar en este blog.
Recuerdo perfectamente, uno ya va cumpliendo esa cierta edad que le permite remontarse a tiempos donde las experiencias vividas regresan con cierta nitidez a la mente, cuando, lejos de establecerse los habitantes en ese núcleo habitable temporal del que hoy nos apoderamos, las barracas, nombre con el que se le conoce al espacio físico que pertenece a cada peña y donde desarrollan la vida jovial que se presupone para estas jornadas, se repartían por diferentes puntos del municipio en bajos aun por terminar. (me permitiré el lujo de decir “por terminar” a fin de que sea fácilmente entendible el estado de esas barracas, pero que bien podría haberse convertido en una obra magnifica de arquitectura, con el ladrillo de obra visto como protagonista y la sinceridad de sus materiales, como las que la escuela catalana tan bien desarrolla y se puede ver en este ejemplo de los arquitectos Harquitectes).
En aquellos tiempo el concepto era el mismo aunque el resultado bien distinto. Es cierto que en un análisis banal de uso y desarrollo de la actividad podría parecer lo mismo, pero nada mas lejos de la realidad. La falta de orden y organización, la ausencia de servicios públicos en pro del civismo y la desestructuración del mapeo que generaba estos lugares generaban una imagen de cierta anarquía tanto en las formas como en el contenido. A cambio unos cuantos propietarios se lucraban con el alquiler de esos bajos aun en construcción. Decía que el concepto era el mismo, porque lo era. El espacio fisico estaba dispuesto y destinado a cumplir un mismo servicio, el de refugio. Eran lugares donde una barra para servir las bebidas, un equipo de música (mejor cuanto mas potencia) y unos sofas viejos y llenos de alcohol y polvo, organizaban el espacio interior. El resto estaba pensado para el baile y, digamoslo así, las reuniones musicales hasta altas horas.
Hoy, cuanto hemos cambiado. Hoy, casi sin que nadie se percate, se piensa en arquitectura, en términos urbanístico, en núcleos, polinucleos o micro-ciudades, según queramos entenderlo. Se estructura un gran recinto para contribuir al buen hacer y al bien estar de los ocupantes. Las manzanas de módulos habitables se desarrollan y organizan en torno a grandes avenidas. Avenidas con mayor o menor sección según las necesidades de trafico previstas. Se generan plazas, zonas de recreo, espacios verdes y servicios públicos. Los polinucleo se concentran en torno a un gran equipamiento que atraerá el publico de los «barrios» colindantes. (entendamos las metáforas)
Me gusta pensar estos lugares como las ciudades que vienen, las del futuro en España y el presente en Europa. Urbes en las que el peatón le roba el protagonismos a los vehículos que solo acceden para cumplir una determinada función y a unas horas controladas. Aquí el transporte es sostenible se hace evidente. Nos apoderamos de esas calles, plazas y espacios que se generan entre las carpas y que constituyen todo el tejido urbano de los siete días festivos. Favorecen la relación con sus habitantes, propiciando encuentros casuales, y otros menos casuales, entre las personas que acostumbran a frecuentar esta nueva ciudad. Las oportunidades de relación se incrementan exponencialmente y la comunicación nos devuelve a una forma de entender la sociedad que la tecnología y el uso de teléfonos móviles nos están haciendo olvidar.
En cuanto a las carpas o barracas (los diferentes módulos habitables que compone la superficie construida del entorno) se desarrollan como construcciones de adosados que guardan un espacio temporal de veinticinco metros cuadrados para cada peña. Los paramentos verticales y la cubierta de lona cumplen la función prevista de protección y cobijo, la función que se le presupone a una construcción de este tipo. Los materiales guardan una estrecha relación con la condición lo tectónico, de elementos que se desvinculan de la tierra y que representan un contrapunto magnifico con lo estereotómico del lugar. Se puede conocer mas sobre estos conceptos leyendo a un maestro como Alberto Campo Baeza en este pequeño extracto.
Si analizásemos cada uno de los habitáculos de manera pormenorizada veríamos como los criterios arquitectónico son acertadamente escogidos en la mayoría de los casos. Cada grupo de amigos que conforman su peña cuenta con un espacio de cinco por cinco definido para establecerse. Desde ahí cada uno la puede adaptar y decorar como crea mas conveniente. Es entonces cuando uno se da cuenta, paseando por las calles y avenidas de esta «pequeña ciudad», de que los porches construidos a posteriori generan tres grados de privacidad o intimidad, desde lo mas privado en el interior hasta la calle publica a la que se llega atravesando el filtro delimitado con cañizo dispuesto de manera vertical y horizontal. Si uno estos días baja y es atento observara que las personas ratifican este recurso arquitectónico, se reconoce a simple vista quien conoce a mas gente en una determinada peña y entra sin preguntar o quien aguarda en la zona intermedia hasta que lo invitan a pasar. Ademas el juego de apertura permitiendo la ventilación cruzada del volumen interior o cerrándose a las zonas donde das mas el sol según la hora del día son algunos ejemplos mas de que la arquitectura forma parte de todos y se expresa de una manera natural aunque a veces pasemos por altos determinados conceptos.
En estos días se construirá rápido, en pocos días estará todo dispuesto, casi con la misma celeridad con la que todo desaparecerá. Elementos arquitectónicos, con fecha de caducidad, utilizados para el disfrute de la fiesta y los usuarios. Como decía el maestro Fran Lloyd Wright “la Arquitectura debe pertenecer al entorno donde va a situarse y adornar el paisaje”, y eso es lo que se pretende, aquí en Cehegín, durante estos 8 días a los que todo el mundo está invitado. Un entorno que ya forma parte del paisaje de un pueblo que se viste de fiestas.
Así con todo, pareciese una cuestión de los últimos años, una moda como tantas, eso de ver pequeñas construcciones a modo de instalaciones temporales, incluso artísticas, en sitios perfectamente elegidos de la ciudad que permiten (y pretenden) la interacción de los transeúntes. Nada más lejos de la realidad. Los orígenes de la arquitectura efímera bajo la que se engloba este tipo de elementos urbanos viene de lejos: hay quien sitúa su nacimiento en la Edad Media y, su desarrollo, en el Barroco.
En aquellos tiempos la madera y las telas se convirtieron en los elementos imprescindibles para elaborar espacios que sirvieran de plataformas propagandísticas del poder religioso o político, unas decadas después la madera se ha sustituido por materiales mas resistente y reutilizares como el acero o el aluminio. Construcciones industrializadas al servicio de la gente.
El paso del tiempo y la evolución de los materiales fueron perfeccionando las técnicas e implicando el uso de más creatividad. De esa manera se llegó al siglo XIX,  cuando el hierro y el cristal se convirtieron en protagonistas de construcciones efímeras que hacían las delicias de todos los que visitaban las Exposiciones Internacionales.  Sí, la Torre Eiffel  no estaba pensada para quedarse allí eternamente.
En la actualidad, concebir espacios con objetivos precisos en tiempo y localización es un reto. La investigación en nuevos materiales no cesa y la creatividad no tiene límites. Desde lo último en tecnología hasta materiales más preocupados por la sostenibilidad y el medioambiente, todo a nuestra disposición para construir lugares perfectos para el diálogo y la interacción con quienes tienen la suerte de acercarse a ellos en el momento y lugar adecuado.
Esto es lo que estamos viviendo y vivimos desde hace ya unos años en nuestra localidad, Cehegín, durante la semana del 8 al 14 de Septiembre.