El proyecto surge como continuación de una intervención sobre los espacios exteriores que hicimos hace algunos años.
Por aquel entonces, la familia, promotora y propietaria del proyecto, había reconvertido una antigua caseta para almacenar herramientas en su pequeña bodega personal. Un espacio de apenas 20m2 donde no solo se almacenaban los depósitos y maquinarias, sino que se desarrollaban procesos de recolección, prensado, fermentación, filtrado y embotellado de sus caldos.
Obviamente, por su carácter primigenio como caseta de aperos, estaba resuelta con un sistema constructivo sencillo, de bloques y viguetas de hormigón, donde el aislamiento y el control térmicos interior brillaban por su ausencia.
 
En este sentido, se pensó en incorporar el control térmico de manera natural mediante la construcción de una pérgola, con estructura de invernadero, y una enredadera de parra caduca que filtrase la luz del verano y permitiese la radiación en invierno.
En este contexto, pasados los años, debido a la falta de espacio que experimentan con cada cosecha, nos piden ampliar con un nuevo espacio, de dimensiones similar al que tienen, que les permita separar útiles y procesos.
Un encargo de pequeñas dimensiones, y reducido presupuesto, pero con grandes aspiraciones e ilusiones. De ahí, proponemos una nueva construcción, reinterpretando la caseta tradicional de aperos que salpica la zona rural del entorno, anexada a la antigua, que reordene y organice las circulaciones exteriores entre las diferentes parcelas, y las interiores de la propia bodega.
 
El pavimento exterior, de barro cocido propio de la zona, atraviesa la edificación dividiéndola en dos y convirtiéndose en un espacio con una dualidad importante. Sumar mayor superficie útil al interior del conjunto, o convertirse en una zona de comunicación en los días de recolección de la vid.
La chapa metálica galvanizada mini-onda, el bloque de hormigón, y la madera, propios de las construcciones tradicionales de huerta, se convierten en los nuevos elementos constructivos con los que se ejecutan la obra, pasando de ser meros materiales elementales, a herramientas fundamentales gracias a las cuales poder funcionar y respirar de manera autónoma todo el conjunto.
Una piel de chapa sobre el muro portante de bloque permitirá regular térmicamente los nuevos espacios, incorporando, o no, aire caliente al interior mediante una serie de aberturas existentes en los mencionados cerramientos. Además, confiere el carácter contemporáneo y atemporal que precisa el proyecto de arquitectura diferenciando lo nuevo de lo existente, pero relacionándolo materialmente.